Buenos Aires, (Especial para Noticias Argentinas, por Daniel Casal)- La dureza de las negociaciones con el FMI demuestra el grado de emergencia económica por la que aún atraviesa el país, pero, a su vez, que haya 2 millones de desocupados, de acuerdo con las cifras del INDEC, refleja con claridad la irresuelta emergencia social.
Una cosa no puede estar ajena a la otra en el marco de las negociaciones con el Fondo y el amplio universo de acreedores privados.
En este marco, los seis meses que transcurrirán hasta septiembre serán clave para ver el futuro de las próximas décadas de argentinos.
De los resultados de esa negociación dependerá el ritmo de la recuperación económica, y, por ende, del tren de creación de puesto de trabajo y de satisfacción social.
Por esto es que en el segundo semestre de año se juega un rumbo más que el destino de una negociación.
Es indudable que en la aprobación de metas de la segunda revisión del acuerdo sellado con el Fondo tuvo el aroma de una última oportunidad para que se llegue a un entendimiento con los tenedores de bonos.
Así lo dieron a entender por todos los medios los directores que representan al G-7 --países desarrollados--, aunque, en rigor de verdad, la aceptación de las metas nunca estuvo al borde del abismo.
En ese ámbito se inclinaron por presionar a la Argentina hasta último momento, pero sin tirar por la borda el hecho del sobrecumpliento de metas por parte del país.
Además, se sabía desde hace varios días la postura de los Estados Unidos, proclive al acuerdo. Y así lo hizo saber en el Directorio del Fondo.
En el marco de su compleja campaña electoral, el gobierno de George Bush no quería otro frente de conflicto, aunque sea en esta remota región de América.
Anne Krueger escuchó en forma permanente las instrucciones que salieron del Departamento del Tesoro, conducido por John Snow, y actuó en consecuencia, a pesar de tener entre ceja y ceja a la Argentina.
No hay que olvidar que ella fue la quiso poner a la Argentina como primer caso de su proyecto de quiebra de los países que no supieron manejar el tema de sus respectiva deudas.
Decisiones políticas
El G-7 ha decidido tallar directamente en las determinaciones finales y esto habría influido en la renuncia del alemán Horst Köhler, más allá de aceptar la candidatura a presidente por aprted de un partido conservador.
Es así que en el organismo pesarán más que nunca las determinaciones políticas de los gobiernos, antes que las recetas técnicas de al entidad.
En ese marco, los representantes de Europa querrán hacer valer como nunca el peso de contar con la mayor cantidad de asientos, pesar del poderío estadounidense.
Al decir del titular de Fundación Capital, Carlos Pérez, ¨no nos fue bien con los hacedores de políticas econónicas en las últimas dos décadas. El FMI no fue ajeno al horror que vivió la Argentina¨.
El economista proyectó también que si se resuelve el problema de la deuda, el país podrá crecer por ejemplo este año a niveles mayores al 7 por ciento.
Este no es un dato menor, porque si se mantiene una alta tasa de crecimiento puede pasar a segundo plano la discusión del recorte según el valor nominal de los bonos o el valor presente --que incluye intereses--.
El desprestigio en el que paulatinamente ingresó el Fondo a raíz de su propuesta única para todos los casos jugó un papel de importancia en esa nueva instancia,
Así lo había dicho el propio Köhler al presidente de Brasil, Lula da Silva, pocas horas antes de dejarle el sillón en forma interina a Krueger.
¨Es momentos de que los países definan sus polítícas y el Fondo apoye¨, había afirmado allí el alemán.
El reclamo de los poderosos
Cuando se acercaba el vencimiento de 3.150 Millones de dólares del 9 de mayo, los poderosos pidieron al gobierno avances concretos en las tratativas con los acreedores privados.
Ante este endurecimiento, el Gobierno trata por estas horas de mejorar la oferta para los bonistas, aunque siempre manteniendo el 75 por ciento de quita en el valor nominal de los bonos y el 3 por ciento de superávit.
Se piensa en un menú de bonos con cupones atados a posiciones de crecimiento de la economía.
Además, se tratará de demostrar durante los próximos meses una mejor calidad de superávit fiscal, sin que esté necesarimante atado a la retenciones a las exportaciones o el impuesto al cheque, es decir, ingresos provenientes de tributos distorsivos.
Esto podría resultar de cierta atracción para los bonistas, los cuales hasta ahora rechazaron no solo la quita sino el bono atado al crecimiento.
Ahora, por lo menos, el Comité Global de Acreedores aceptó hoy la invitación a dialogar en una visita a Buenos Aires, a pesar de que las autoridades aclararon que no será acepatada una contrapropuesta.
Una de las apuestas del oficialismo es que si lo tenedores de bonos observan una recuperación más genuina de la economía quizá le interese más esta opción.
Por eso, se pretenderá dar pasos concretos en algunos temas de importancia, como un nuevo esquema de coparticipación federal, de acuerdo con lo hablado por el ministro Roberto Lavagna en su reciente visita al Congreso.
Lo que quieren demostrar la autoridades, según destacan en Gobierno, es racionalidad en la política económica en el momento de negociar las metas fiscales de 2005 y 2006.
Mientras tanto, nadie podrá descuidar la acuciante emergencia social que sigue dejando el dato estremecedor que casi 5 millones de personas están desocupados o subocupados.



