Si entendemos que las grandes fuerzas políticas que gobernaron durante las últimas décadas, llámese peronismo y radicalismo, son la representación mayoritaria de la política argentina, en las elecciones 2015, en mayor o en menor medida, ellos perdieron y perdió la política.
El radicalismo, en pos de no desaparecer, bajó sus banderas, entregó sus votos y puso toda su estructura partidaria al servicio de una expresión de la centro derecha que logró instalar un candidato opositor y competitivo. Los radicales fueron los artífices del triunfo de cambiemos y los que menos perdieron. Pero otra vez la historia los encuentra como socios, ésta vez menores, de otra alianza electoral heterogénea, y los vuelve a poner a prueba en la estabilidad funcional de este tipo de entente y en la gobernabilidad del estado y sus instituciones.
Por su parte el peronismo, como ya es costumbre, trasladó su interna entre oficialistas y disidentes a la elección general, donde llegó con más de una alternativa, y a pesar de juntar dividido más del 50% de los votos no alcanzó a evitar el ballotage de la derrota. Queda para el rescate la exigua diferencia final, merito de la tenacidad de Scioli y su campaña del miedo, pero en definitiva, Scioli no pudo con una pasada cruz que cargaba sobre la espalda, fruto de su deficiente gestión como gobernador, de su identificación y defensa del modelo K, de su falta de liderazgo en el peronismo, de la frialdad de Cristina y los suyos que nunca lo consideraron propio y del fuego amigo y enemigo. Scioli no supo ver el fin de ciclo de la facción gobernante, ni pudo diferenciarse de la misma, como se lo pedía una sociedad mayoritariamente exhausta de kirchnerismo y que quería un cambio.
Sin duda que el peronismo es quién más perdió. Entre otros poderes, perdió el bastión de la provincia de Buenos Aires, varias intendencias con títulos nobiliarios y la Presidencia de la Nación, todo en manos de un novato partido metropolitano y de algunos candidatos ignotos y ajenos a la política. Sin dudas, una cachetada histórica fenomenal, que tarde o temprano tendrá consecuencias internas inevitables y saludables para una futura recuperación.
Mario Valiente
FM Futuro



