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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 12/jul/2015 de La Auténtica Defensa.

Homilía del Cardenal Joseph Ratzinger el 27 de enero de 2002 en la misa de 12 horas, Iglesia Parroquial de San Antonio de Padua (Piazza Asti) Roma






San Anibal Di Francia.

Fue en ocasión de la clausura del Año del P. Aníbal di Francia, entonces beato, ahora santo. Extraída de los registros y enviada por el R.P. Mateo Sanavio RCJ de la Casa General Rogacionista (Roma).

"Hermanos de sacerdocio y queridos fieles, el beato Aníbal Di Francia ha centrado su vida en las palabras del Evangelio que leemos aquí arriba: "Rogate Dominum Messis….Mt. 9,38.

Debemos entender bien la clara identificación de su vida con estas palabras, el dinamismo de una vida alimentada de la Palabra de Jesús. Debemos observar estas palabras en el contexto del Evangelio según San Mateo, que coincide socialmente con el contexto de vida de nuestro beato.

El evangelista San Mateo nos cuenta que Jesús recorrió las ciudades y pueblos de su Galilea y se encontró con muchas dolencias, enfermedades y sufrimientos. Confirmó así la verdad de lo dicho por el profeta Isaías en la primera lectura (Is.9, 1-1.4) que se continúa en el Evangelio (Mt. 4, 12-23) de hoy: el pueblo de Galilea está "inmerso" en las tinieblas y "en la sombra de la muerte".

Y Jesús, con los ojos del infinito, no ve solamente este pequeño pedazo de la tierra, el pueblo de su Galilea, sino toda la vida humana: pasado, presente y futuro. También nos ve en este momento a nosotros y a nuestra historia, ve con una mirada de conjunción del hoy y a las tantas partes del mundo, ve claramente las violencias y las injusticias de todo tipo y la ceguera de los corazones, ve realmente las muchas dolencias de los hombres, ve esta sombra de muerte.

El, en vista del género humano "sumergido en las tinieblas", constata la veracidad de la palabra del Antiguo Testamento: "son como ovejas sin pastor". No saben de dónde vienen ni a donde se dirigen, y como esclavos del vicio, no conocen el porqué de la vida y como sería necesario actuar para que la existencia sea buena, sea honesta, sea feliz. En ese instante aparece en el Evangelio una palabra como si fuera un rayo, difícilmente traducible: que nosotros traducimos como "sintió compasión". Pero esta palabra expresa una participación más radical. Comprende la raíz del término "vísceras" y alude al útero materno, en la identificación de la madre con el niño, a la coparticipación de dos vidas que se vuelven una sola. Así Jesús, tocado por el sufrimieno de la gente, y de estas "tinieblas", siente compasión, que se vuelve identificación. Lleva consigo los dolores de la humanidad, que se vuelven suyos.

Aparece así el misterio del Corazón de Jesús, corazón transpasado antes de ser herido por la lanza del soldado romano. Desde la eternidad Jesús tiene un corazón, Dios tiene un corazón, porque es Amor y ve los sufrimientos, las tinieblas de este mundo, donde es verdadera la muerte. El es hombre, tiene origen la venida de Jesús sobre la tierra por la Encarnación, su descenso a nuestras enfermedades para salvarnos. Jesús tocado a compasión por estas tinieblas, quiere mitigarlas entregándonos la gran luz de la que habla el profeta Isaías y el fragmento del Evangelio según San Mateo.

Ya me he referido que el contexto de la vida de nuestro beato es en modo sorprendente idéntico al contexto de la palabra y la acción de Jesús. La vida de Aníbal comienza con la amarga experiencia de la orfandad. Después de la circunstancia desesperada de la muerte precoz del padre, fué confiado a una hermana de la madre, que siempre vivió sola y no sabía como tratar a un niño. El pequeño Aníbal vive así sin luz, sin aires, privado de una adecuada experiencia de amor. Es ciertamente en esta ausencia de amor que nos encontramos con las verdaderas "tinieblas" del mundo, la "sombra de la muerte" a la que alude el profeta.

Después hay en la vida de Aníbal dos encuentros con mendigos, que se vuelven significativosen su misión, y revelan el encuentro de Jesús con el pueblo, con la gente de Galilea.

El primero ocurre cuando Aníbal era estudiante, en el convictorio de los Cistercienses de Messina. Un mendigo es admitido en el refectorio pidiendo algo de comer , es acogido, pero luego maltratado por la crueldad de los muchachos; ofendido y humillado se aleja, porque no puede comer en ese clima tan hostil. Al joven Anibal le sobreviene esto : "sintió compasión". Conmovido, sale en búsqueda de este hombre, para darle no solo un poco de comida sino un gesto de amor, aún más necesario que el alimento material.

El segundo encuentro sucede con un mendigo ciego, al que el joven Aníbal pregunta "donde vive". Desde entonces fué conducido al barrio Avignon en Messina, barrio totalmente inhumano, donde chicos y adultos viven sin rasgo de humanidad ni de amor, en una miseria indescriptible, en la noche del corazón y del cuerpo, sin respeto ni dignidad de los unos hacia los otros.

Es aquí donde nuestro beato iluminado por su vocación toma conciencia que debe entrar en ese mundo, debe salir de su condición precedente para repetir el éxodo de Jesús, éxodo de la vocación: entrar en esa miseria para llevarle un poco de luz.

Pero volvamos al Evangelio. El Señor, viendo la condición miserable de las multitudes que hizo? El evangelista usa cuatro palabras para describir la actividad de Jesús: enseña, predica, cura, sana. Y estas cuatro palabras no describen diferentes actividades, contrastantes tal vez, sino que son todas explicaciones de una única realidad; El lleva la luz y el amor, lleva también la salud física, corporal. Entonces El da dos cosas: el cambio de las condiciones físicas y sociales con el cambio del corazón, iluminado del amor de Dios. Son dos elementos que constituyen una sola cosa, inseparable.

Jesús predica, nos da el conocimiento de Dios, abre los corazones y nos brinda salvación. Su acción de salvación no se limita a algunos milagros, que eran necesarios como signo de demostración a los discípulos. Esta actitud abraza los siglos; es una lucha contra el mal, para transformar al hombre, para convertir y para hacer llegar a Dios al corazón del hombre; una lucha que se cumple en todos los siglos.

También hoy día, Jesús sana llevando la luz de la palabra, llevando los sacramentos, que es El mismo ayudando a los hombres para que ellos también den el amor que transforma las condiciones materiales. Este proceso de salvación, presente en la Iglesia desde los inicios hasta el día de hoy, nosotros lo llamamos "Redención".

El beato Aníbal, tocado por el grito de Jesús "Rogad" = oren para que el Señor envíe operarios, para que ayuden a estos pequeños sin pastor = entra en el grito del Señor y grita aún hoy en nosotros : "Rogad" oren.

Pero este entrar en el grito de Jesús, no puede solo entenderse como una simple palabra, sino como una palabra que actúa, que transforma toda la vida. Padre Aníbal ora con toda su vida, haciéndose el mismo operario de las misas de Jesús, haciéndose partícipe del trabajo de la redención, de la salvación.

Jesús mismo es la gran luz. En la comunión con Jesús, con el Corazón de Jesús, el beato Anibal se transformó en luz entre nosotros, y así nos habla, haciéndose presente el Evangelio, haciéndose presente el misterio de Jesús y nos dice "Orad", y orad no solo con los labios, orad con vuestra vida, volviéndoos partícipes de la obra de salvación, entrando como operarios en las misas del Señor.

Roguemos para que el Señor nos ayude a ser cristianos no solo con la participación de la misa dominical, y no solo con las palabras, sino con toda nuestra vida. Roguemos para que envíe operarios también hoy en esta misa para la salvación y la paz del mundo. Amen.

Trad. Española de Lidia Cefussatti.



Ratzinger.

 
P U B L I C I D A D






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