Era casi el mediodía de aquel domingo de enero, cuando el avión tocó tierra en el aeropuerto de Londres. Nunca imaginé que comenzaba a vivir dos semanas maravillosas. Recogimos el equipaje, y un servicio contratado por la escuela, nos llevó hasta la casa en la cual nos hospedaríamos, ya en ese pequeño viaje mis ojos no alcanzaban para mirar tantas cosas atractivas. En la mañana siguientea comenzamos clas clases, pero al tomar el subte para ir hasta la escuela, cual no fue mi sorpresa cuando una muchacha de 24-25 años se para y me cede el asinto, mis canas no me permiten disimular mi edad, y este fue un cuadro que se repitió varios días.
Londres es una ciudad cosmopolita y nos cruzábamos con árabes, asiáticos, italianos, franceses, indios, españoles, etc.
La escuela excelente, con profesores muy cordiales pero efectivos en su tarea, esto nos ocupaba las mañanas y luego comenzaban los paseos. Afortunadamente teníamos una de las profesoras que organizaron el viaje, como guía, lo que nos permitía aprovechar mejor los tiempos.
Recorrimos Trafalgar Square, Covent Garden, el Museo de Ciencias Naturales, el British Museum, la torre del Big Ben, el museo de madame Tussauos, el London Eye (esto es una rueda gigante que tarda unos 45 minutos en hacer todo el giro y permite ver a Londres desde lo alto, como nosotros subimos al atardecer pudimos ver como la ciudad se iba iluminando y sus edificios se llenaban de luz). Presenciamos, junto a una multitud, el cambio de guardia de la casa real, la banda llegó tocando "La Marcha de San Lorenzo", lo cual me dejó gratamente sorprendido. Hay más, mucho más, la limpieza de sus calles, el orden de tránsito, la conservación de sus edificios...Simplemente otros mundo.
Juan Barelli



