Buenos Aires, (Especial para Noticias Argentinas, por Daniel Casal) -- Un puente político que permita la continuidad de las negociaciones construyeron en forma trabajosa el ministro Roberto Lavagna y la cada más endurecida cúpula del Fondo Monetario.
Ese puente permitirá que la semana próxima llegue al país la nueva misión del organismo que debe encarar la segunda revisión del acuerdo firmado en septiembre. La primera de esas revisiones terminó en una votación dividida en el Fondo, a raíz de las abstenciones de los delegados de Italia, Japón y de Gran Bretaña, motivada por las presiones de los bonistas.
Esa votación tuvo un claro aroma de últimatum para la Argentina y, efectivamente a partir de ese momento, se renovaron las presiones en contra del país.
Hasta el poderoso G-7, que reune a las naciones más desarrolladas, puso su vista en esta Argentina que fue siempre olvidada a la hora de otras grandes cuestiones.
En Washington, presionan sobre todo dos halcones mujeres, la número dos del Fondo, Anne Krueger, y la dura consejera de seguridad nacional de EE.UU.,Condoleezza Rice. Advertencias demasiados poderosas como para que el gobierno pueda obviarlas.
Ante la tensión de la crisis, Lavagna llevó a las reuniones de hoy la propuesta de mejorar la oferta a los acreedores, ligada sobre todo al bono atado al crecimiento, desechado en un principio pero que tomó cierto vigor en los últimos meses a luz de la recuperación económica.
También, la promesa de definir en breve la conformación del demorado sindicato de bancos. Quizá estos sean los gestos que se necesitaban para reconstruir el diálogo.
Las próximas semanas serán claves para ver la continuidad de estas negociaciones, ya que el Banco Mundial debe decidir sobre créditos para el país por unos 4.500 Millones de dólares.
En tanto que durante los primeros días de la semana que viene debe comenzar la segunda revisión, mientras que el 9 de marzo vencen 3.100 Millones de dólares con el FMI que debería ser de devolución inmediata si es que se llega a un acuerdo con la entidad crediticia.
Pero, si no es así el gobierno deberá enfrentar una disyuntiva de hierro: utiliza reservas para el pago o ingresa también en default con los organismo de crédito, una decisión de imprevisible consecuencias.
Ayer, el gobierno, mediante el ministro Aníbal Fernández, reiteró que si no hay garantías devolución, no se efectivizará ese pago.
Mientras tanto, Horst Kimhler, le aclaró hoy a Lavagna que su intención es que ¨la Argentina no se quede fuera del mundo¨, en una frase que puede sonar tanto como de compresión como de advertencia.



