Los habitantes de la ciudad tenemos, en general, una agenda cargada de obligaciones como trabajo, vida familiar, tareas varias, etc. que se traducen, en la práctica, en un constante ir y venir, pendientes del reloj. (Usted que corre tras el éxito ejecutivo de película... recuerdan la canción de Serrat?).
Esta vida, necesaria para ganar el sustento, necesita alimento espiritual para poder sostenerse.
Son vitales e imprescindibles las pausas, el tiempo libre diario que debe consagrarse al disfrute de esas pequeñas cosas que engrandecen la vida.
Unos minutos en la mañana y otros en el crepúsculo reservados para:
- Meditar, estar a solas con uno mismo. Hay muchas maneras de meditar y la elección es libre y personal.
- Buscar un espacio verde, descalzarse, caminar, respirar profundamente, practicar yoga, taichi, chikung o acostarse sobre la tierra a mirar el cielo.
- Escribir y/o leer cosas bellas, poesía por ejemplo. Buscar lo bueno, lo bello y lo verdadero.
- Tomar baños de sol y aire, cuidar el jardín o la huerta, descalzos para beneficiarnos con el magnetismo terrestre.
- Por nada del mundo postergar estos momentos.
Bioqca. Mónica A. Rímoli
Postgrado en Medicina Ayurveda.



