Hace poco, charlando con el papá de una nena de diez años, éste se quejaba de cómo su hija no le hacía caso y de cómo le costaba ponerle límites. Le pedí que me mostrara cómo hacía para darle las órdenes y ponerle límites y resultó que él le daba muchas explicaciones, como si tuviera miedo de usar con seguridad su autoridad paterna y así, embarullados entre palabreríos y discusiones, él abandonaba sus intentos, y la nena terminaba haciendo lo que ella quería.
El ORDEN y la ACEPTACIÓN DE LOS LÍMITES son necesarios para la convivencia social armónica y es necesario que los entendamos desde temprana edad para no confundirnos y poder aceptar dónde terminan nuestros derechos y dónde comienzan nuestras obligaciones.
LOS PAPÁS necesitan aprender a ejercer una autoridad que tenga sentido, dentro del amor y del respeto y sin gritar. Necesitan hacerles saber a sus hijos que hay un orden en la casa, una jerarquía de poder, porque eso contribuirá a que el sistema familiar y las relaciones fluyan dentro y fuera de la casa.
LOS HIJOS necesitan aprender desde pequeños a desarrollar la tolerancia a la frustración que les produce no conseguir todo lo que desean o hacer todo lo que quieren. Eso les dará un marco de acción, los hará más flexibles y en vez de frustrarlos, los pondrá en contacto con sus posibilidades de acción.
Un especial llamado de atención a los LÍMITES que tienen que ver con la VIDA y la SEGURIDAD: esos no se negocian. Enchufes, balcones, cosas que queman, las escaleras, la calle, las salidas y todo lo que implique peligro, exige de parte de los padres mensajes claros, cortos y convincentes. Con tono firme, anticipatorio y mirando a los hijos a los ojos, se les advertirán los riesgos que pueden correr.
Volviendo al papá del inicio, no casualmente esa actitud débil para ponerle límites a su hija, también la llevaba a su trabajo con sus subordinados, no siendo respetado por ellos y no consiguiendo los resultados que buscaba. Observamos qué le pasaba a él con los límites en su vida, qué hacía o había hecho las veces que le habían puesto límites a él, o cómo se había sentido las veces que no había podido hacer lo que quería. También observamos su voz y su postura corporal, muy poco convincentes a la hora de poner orden y límites, y sobre todo eso trabajamos.
Estas formas de actuar tienen que ver con la falta de confianza y la asertividad. Una buena noticia es que podemos desaprender esas conductas poco efectivas y aprender otras más adecuadas que nos permitan ser más asertivos y efectivos. Si ese es tu problema, podés tomar mi programa de aprendizaje "Seamos Asertivos". No dudes en consultame: lucila.barbero@gmail.com.
¡Siempre por tu bienestar!
Lic. Lucila Barbero de Bermúdez
PNL y Coaching - Calidad de Vida y Logro de Objetivos



