Luis despierta con el sonido de la mañana, de un solo salto divide al tiempo en dos; ayer, hoy.
Pone a calentar el agua para el mate amargo de la vida, mientras con los ojos cerrados se lava la cara y se cepilla los pocos dientes que le quedan.
Está viejo y cansado, pero necesita el trabajo: falta poco, falta poco.
Toma su bolso rojo con la vianda y se lanza a la calles. Camina, y en cada paso le surge un pensamiento, las hijas, los nietos, la vida: tantas imágenes como metros hay camino hacia el destino.
Cruza la barrera, esa que divide al pueblo en dos: los que descansan y los que están trabajando o los que están trabajando y los que lo harán dentro de pocas horas.
Camina y piensa: falta poco, falta poco.
Mientras, la puerta los devora, los traga, los mastica diariamente; y en cada bocanada de barras digitales, el embudo humano: ateo y cristiano, se va quebrando en pedazos con cada giro de molinete.
31 de enero de 2004
Charly Schneider



