Ante la lamentable noticia vertida por los medios de comunicación locales sobre los ataques y robos que sufren los establecimientos educativos de nuestra querida ciudad, quiero expresar -como vecina de Campana y como docente- mi profundo dolor y acercar no sólo a la comunidad educativa sino a la comunidad en general, un llamado a la reflexión y al compromiso que cada uno de los actores sociales debemos asumir.
Desde mi óptica, existe una enorme fragmentación en nuestra sociedad y el mayor desafío que tenemos todos los adultos es disminuir esa brecha y poner el foco de atención en los niños y jóvenes que se hallan en un grado de vulnerabilidad mayor. Ojalá este tipo de hechos no se repita; es uno de mis mayores deseos como ciudadana.
Estoy convencida que todos los ciudadanos desde nuestro espacio -por más pequeño que sea- debemos trabajar incansablemente con los niños y jóvenes de manera sistemática y permanente, con el seguimiento de un equipo de profesionales -llámese asistentes sociales, psicólogos, psiquiatras- y ver qué sucede en el entorno familiar e inmediato de la juventud. Se supone que la implementación de talleres municipales debería llegar justamente a nuestros jóvenes como una de las tantas estrategias a tener en cuenta, con la finalidad de que los más vulnerables no terminen en acciones tan violentas. Creo que falta por delante mucho trabajo socio- educativo serio, falta lo que -desde mi punto de vista- es más relevante para nuestros jóvenes: proyectos de vida. Muchos de nuestros jóvenes en la actualidad no poseen un proyecto de vida: ése es el punto más álgido de la cuestión.
Todos nosotros, como parte de esta sociedad, tenemos la obligación desde nuestro pequeñísimo lugar aportar algo; y -por supuesto- necesitamos de la voluntad de un político que tome la decisión de desarrollar y aplicar un Plan de Gobierno -una planificación que procure llevar adelante programas anuales específicos socio- educativos y culturales- que dé respuesta efectiva y real en torno a las problemáticas que hoy como sociedad nos toca atravesar. Los programas dentro de un plan de gobierno deben ser sustentables en el tiempo y deben ser orquestados e implementados por personas especializadas en el tema en cuestión. Las improvisaciones no debieran existir. Los programas -además- deben ser integrales e inclusivos. Cabe aclarar, que con la elevada complejidad del tejido social y educativo es indispensable pensar en políticas genuinas y profundas y no quedarnos subsumidos en palabras muy bonitas y discursos excesivamente adornados pero vacíos en lo concreto por parte de algunos representantes gubernamentales.
Se torna necesario y urgente que la comunidad en su conjunto entienda que todos los adultos somos responsables de nuestros jóvenes y todos los políticos tienen una responsabilidad aún mayor: no solamente el gobierno de turno es responsable, el arco político opositor también es co- responsable en este sentido.



