Las últimas elecciones del año 2003 que reafirmaron la continuidad de la gestión de Jorge Varela a cargo del Ejecutivo por reafirmación del voto popular de manera categórica, generaron también una apabullante victoria en el orden del Concejo Deliberante, logrando una mayoría de concejales oficialistas que dobla al resto de los bloques (12 concejales justicialistas contra 6 opositores).
Esto marca a las claras la debilidad con que ha quedado planteada la oposición en el marco de este nuevo período de gestión, más aún si tenemos en cuenta que estos seis concejales que la conforman casi actúan individualmente ya que tienen serias diferencias entre sí (Ferricioni - Vega del ARI se encuentran distanciados, la relación entre los radicales Cazador por un lado y Deppeler y Macía por el otro ha quedado resentida luego de la última campaña y Silvia Olivera mantiene su bloque unipersonal).
Este planteo, que hay que aclarar, ha quedado conformado por el voto y la voluntad popular, no deja de ser un problema serio para cualquier sociedad que tenga intención de crecer en el seno de la pluralidad de ideas que representa la democracia, dado que la falta de una oposición fuerte y seria debilita el debate necesario para que las Ordenanzas, Proyectos y Decretos puedan irse depurando hasta llegar a la sociedad lo más perfectibles posible.
No quiere decir esto que ante la falta de Oposición el Gobierno Municipal vaya a tener la posibilidad de hacer arbitrariamente cualquier cosa, menos pensar que va a generar Ordenanzas y Decretos que perjudiquen a la población de Campana; por algo ha logrado la mayoría de los sufragios en juego. Pero lo que si puede suceder es que la falta de confrontación genere un vacío de inquietudes y perjudique al propio oficialismo, al no sentir la presión movilizadora sobre las políticas a seguir, que la intensidad de un debate genera.
En este contexto, y cuando la realidad ya está planteada así, en los próximos dos años Jorge Varela y quienes lo acompañan tienen una oportunidad única de poder tomar las acciones necesarias para hacer de la gestión municipal una ¨Gestión Modelo¨, ya que no existirá ningún tipo de chicanas políticas, traba legislativa ni Proyecto de Ordenanza que interfiera en ella más de lo que el propio Justicialismo quiera, ya que serán ellos quienes tienen la ¨manija¨ del Concejo. Por otro lado no podrán oponer excusa alguna en este sentido, ya que la libertad de acción y la seguridad de aprobación de cualquier proyecto oficial es desde ya un hecho.
A futuro, es necesario que el pueblo de Campana genere una oposición fuerte y seria; surja esta de estructuras existentes o de nuevos esquemas políticos para lograr un sistema más equilibrado de fuerzas, por la propia salud democratica de una de las más importantes ciudades de la provincia de Buenos Aires.
¿Serán nuevos líderes los que asuman esta responsabilidad? ¿Un nuevo movimiento político? ¿Viejas organizaciones depuradas y reagrupadas?
Por lo menos hoy, ninguna de las opciones se avizora en el horizonte y dos años pasan, muy, pero muy pronto.



