Me siento extrañado con las palabras del Profesor Pablo Garrido en el diario el día jueves 15 de enero del 2004, cuando dice que el Presidente Kirchner tiene un pensamiento "anticolonialista y profundamente americanista". Primero, ante todo, sería bueno preguntarse ¿qué es ser americanista y anticolonialista?. Si ser americanista es pedir un Plan Marshall, al ex presidente de facto Videla le cabe, sin duda, un lugar americanista al lado de San Martín. Pero, ¿qué fue el Plan Marshall?. El Plan Marshall fue un instrumento que urtlizó EEUU después de la segunda guerra mundial para "revivir" a los países de Europa. De ese modo, EEUU lograba dos cosas: una es que el mayor comprador mundial, Europa, tengá crédito para seguir siéndolo; la otra, que EEUU pueda seguir expandiéndose, de modo netamente imperialista, su economía por toda Europa para que los países del viejo continente no caigan en manos del comunismo. Bien, eso es lo que propone Kirchner. A Kirchner no le basta con la destrucción económica del FMI y el Banco Mundial. El quiere más, quiere un Plan Marshall para que sigamos dependiendo aún más del imperio. Quiere un "ALCA light", pero no se opone al ALCA. Y esa actitud, en Argentina o en China, tiene un solo nombre: colonialismo. El viejo Jauretche se debe estar riendo de este "anticolonialista" vernáculo: le pide crédito al imperio. En la política es como en el trabajo, no se le puede pedir crédito al patrón, porque tarde o temprano él se cobra el préstamo y los intereses a la tasa que quiere, porque es él el que nos permite pagar la deuda que tenemos. Por otro lado, hoy el "comunismo" de antaño está representado en las organizaciones populares latinoamericanas y en presidentes que no acatan a EEUU; ¿no será que Kirchner es opositor a estas organizaciones?.
Después, ¿ser americanista es decirle a Bush que "el presidente Chávez vino a Buenos Aires, pero yo nunca fui a Caracas"?, ¿es tener el buque de guerra Sarandí en Irak?, ¿es poner la plata de una provincia –Santa Cruz- en el exterior?. Jauretche sigue riéndose y dice: "¡Qué americanista raro!". Americanista se es cuando uno sigue las enseñanzas de los generales San Martín y Bolívar. Americanista es estar al lado del comandante Chávez, un verdadero revolucionario bolivariano que desafía constantemente al imperialismo y a su corte de lacayos locales. Americanista es estar junto al compañero Fidel Castro y su Revolución popular, que a pesar de críticas que se le puedan hacer, mantiene en pié el único Territorio Libre de América Latina. Americanista es seguir los ejemplo! s de Moreno, Dorrego, Peñaloza, Varela, Savio, Perón, entre otros miles, algunos, como Vallese o Santillán, que murieron en lucha defendiendo una causa única del pueblo americano: la dignidad popular. Americanista es mezclarse en serio con Martí, Ugarte, Scalabrini o Mariátegui. Ser americanista es seguir los pasos de Sandino, Guevara, Solano López, Artigas o Arzuduy. En una frase: ser americanista es hacer contantemente Patria.
Yo se que esta opinión va contra la corriente "progresista", pero como escribía un gran filósofo, "Contra los prejuicios de la llamada opinión pública (...), mi divisa es, hoy como ayer, la frase del gran florentino: ¡sigue tu camino y deja hablar a la gente!". Igualmente, hay una cosa que ver: a Kirchner lo apoya la sociedad y no el Pueblo, porque el Pueblo no es algo que está vigente constantemente: el Pueblo se hace, es una construcción nacional que nace de las entrañas de la Patria sojuzgada para elevarse y combatir al imperialismo y al gorilaje de turno que a él sirve. El Pueblo es el sujeto de la Patria. Argentina hoy tiene mucha sociedad y poco Pueblo, porque los que en el pasado apoyaban a Menem hoy apoyan a Kirchner, porque los que antes eran gorilas ahora son "nacionalistas", porque los liberales cavallistas ahora son "estatistas", etc. A Kirchner lo apoya el mediopelo, porque este es un país mediopelo. El viejo decía que lo importante no es cambiar el collar, sino dejar de ser perro. Kirchner sabe lo que hace. Juguetea con la piolada izquierdista con los derechos humanos; habla lindo para la avispada clase media; eso sí: de nacionalizar, de no compensar a los bancos, de ir un poquito a Caracas, ni hablar. Eso se llama gatopardismo: cambiar todo para que nada cambie. El viejo Jaurteche sigue riéndose.
Matías Seimandi
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