Cuando decidí poner el alambrado en el terreno nunca pensé que me iba a costar tanto. La única herramienta que había agarrado hasta ahí fue el inflador de la pelota de cuero. Como para mi alambrar era similar a dar una clase de química orgánica, decidí pedir ayuda a alguien que sepa…y siempre hay un pariente que no le gusta para nada el futbol, de esos que piensan que jugar a la pelota es una pérdida de tiempo, que jugar al futbol son once pelotudos que corren atrás de una pelota, entonces tuvieron tiempo de aprender otras cosas, entre ellas poner un alambrado.
Ese domingo me levantaron temprano. Cuando llegué al terreno el "toti" ya estaba con la pala haciendo pozos. Uno acá, otro más allá, en la punta cerca de la medianera del vecino otro y otro más en la otra punta del dichoso terreno. Una vez puesto los postes, había que agujerearlos, pasar un alambre en la parte de arriba, en la parte del medio y en la parte de abajo y ahí se estira el alambre de punta a punta."… Fenómeno…" dije yo, se termino el laburo. Pero no! Según el "Toti" faltaba lo más importante. En cada poste de la punta y en el poste del medio hay que poner un poste adicional para que el alambrado no ceda, no se caiga. Este poste importante, que impide que toda una estructura no se caiga en la nada, que lo sostiene en la caída al vacío, que debe ser fuerte con bases solidas tanto para sostener y permanecer de pie a ese débil y frágil cuerpo en caída libre, ese poste es el de contención.
Y de eso se trata la falta importante en el deporte juvenil, adolescente de hoy. La Contención. Miles de chicos juegan en inferiores, uno o dos llegan a superar los obstáculos del entorno y llegan a primera. Muy pocos de ellos llegan al status alto del futbol. El resto queda deambulando entre las manos vacías de un destino con tarjeta roja.
Y en el camino de la transición siempre la angustia del futuro, la frustración y el conflicto que viene de la mano. Mirar para ambos lados de la esquina antes de cruzar la calle del desconcierto. Pero siempre es incierto, siempre del quizás. Y en ese esperar es donde el entorno adulto desaparece y el adolescente vuelve a quedar solo. Nadie contiene, nadie escucha. El timbre suena una y otra vez pero las luces siguen apagadas. Todos los que algunas vez estuvieron en sus días de victorias, ahora juegan en el equipo contrario.
Contención, parte fundamental de una adolescencia de manos vacías. La empatía de ponerse en los zapatos del otro, el regreso a la situación inesperada, la escucha necesaria para el dialogo, generará el cambio que aprendió en ese vinculo que necesitaba.
Muchos quedan en el camino y pocos se ponen en su lugar de emoción. Faltan oídos, faltan zapatos para andar juntos. Y faltan los puntales para sostener un alambrado que se cae.
HASTA LA PROXIMA
NESTOR OSCAR BUERI
Psicólogo social - Charlas y conf.
Nestorb_ps@hotmail.com



