Estimados lectores, hoy como otros domingos de verano queremos compartir un cuento de Enrique Mariscal, que al igual que otros cuentos expresa algo de nuestros pensamientos.
Hace mucho tiempo, en un pueblo lejano, había una casa abandonada. Un día, un cachorro que buscaba refugiarse del sol, logró meterse por un agujero que había en el portón de la residencia, subió las escaleras de madera lentamente hasta que se topó con una puerta que estaba semi abierta e ingresó cautelosamente. Con gran sorpresa, se dio cuenta que dentro de esa habitación había mil perritos más, observándolo tan fijamente como él los observaba a ellos, y vio asombrado que todos los cachorros comenzaron a mover la cola exactamente en el momento que él demostró alegría, luego continuó jugando y le ladró a uno de ellos y el conjunto de canes le respondió de manera idéntica. Todos sonreían y latían como él. Cuando se retiró del cuarto se quedó pensando en lo agradable que le había resultado ese lugar y que sería muy estimulante volver más seguido.
Pasado un tiempo, otro perro callejero ingresó al mismo ambiente. A diferencia del primer visitante al ver a todos los congéneres en el cuarto se sintió amenazado ya que lo miraban de manera agresiva y con desconfianza. Empezó a gruñirles y vio como los otros mil perritos hacían lo mismo que él. Comenzó a ladrarles y los otros también hicieron lo mismo ruidosamente, ante esto huyó despavorido y al encontrarse fuera de la casa pensó que lugar tan horrible era ese y al que nunca regresaría.
Ninguno de los canes alcanzaron a reparar en el letrero que estaba enfrente a la residencia, "la casa de los mil espejos".
Cuantas veces nos encontramos criticando y juzgando a los demás, cuando en realidad lo que nos muestra, es nada mas y nada menos que una imagen a la manera de una película de nuestro mundo mas rechazado. En la mayoría de las personas la aceptación de aquellos aspectos rechazados como propios, es el primer paso para poder cambiar.
Lic Patricia Katz
Lic Sebastián Terrizzano
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